Si conduces con cabeza, navega con cabeza.

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¡Buenos días mundo y feliz Martes!

Hoy no vengo a daros tips, ni consejos, ni buenas prácticas…

No.

Hoy vengo a dar mi opinión sobre esta realidad que nos rodea.

El caso es que hace una semanita vi el episodio Free Fall de la serie Black Mirror (primer capítulo de la tercera temporada).

Algo resonó en mí, muy fuerte. Y me sorprendí a mí misma tomando notas. A esas notas les voy a dar forma de post, y compartirlas con vosotros. Empiezo.

Os recomiendo que veáis el capítulo antes de leer este texto, no quiero ser una spoiler. Y enserio, mola muchísimo.

Ya os he avisado, voy a destriparos datos, luego nos os quejéis:

Seguimos muy de cerca la vida de Lacie; una joven americana con trabajo pero sin un príncipe azul que la haga vibrar. Se encuentra en plena búsqueda de la felicidad. Asocia esta última con una buena casa, un marido y dejar de compartir techo con su hermano.

Para conseguir todo eso, primero necesita una puntuación alta. Ser una persona Premium en la sociedad.

Sí habéis leído bien. La sociedad de Lacie “evoluciona” hasta el punto de evaluar cada interacción: comprar el pan por la mañana, una llamada con una amiga o coger un avión.

TODA interacción se evalúa, y con todos esos números se saca una media. Y ese es tu número.

Voila. Las personas nos convertimos en números. Es muy crazy.

Obviously, dependiendo del número que seas tendrás acceso a ciertos servicios, o no.

En esta nueva sociedad se fusionan el mundo ON y el mundo OFF line. La principal consecuencia es que si no eres una persona digital, directamente no eres nadie.

Vamos comentando los temas punto a punto:

APARIENCIA

 

En este capítulo la protagonista se toma una café con una galletita. Antes de tomárselo echa una foto y la sube a la plataforma para que sea evaluada.

El número de likes está por encima de la media y eso le hace estar contenta; eso sí, el café y la galleta están tan malos que no puede ni tomárselos.

Wow.

A mí esto me recuerda a las frutas y verduras que me rodean. Vivo en París, sí, pero soy de pueblo. He tenido la suerte de alimentarme de frutas y verduras de huerto, es decir, bios de verdad, sin etiquetas que lo demuestren porque ni siquiera tenían etiquetas.

Y eran feas. Lo juro. Feísimas. Sobre todo las peras. Horrorosas. Pero estaban deliciosas, el sabor era intenso y natural. O los tomates, Dios. Soy fan de los buenos tomates.

Ahora voy al Franprix (una cadena de supermercados francesa) y las jodidas frutas son más fotogénicas que yo. ¡Pero qué malas están!

¿Enserio es tan importante la apariencia? Parece ser que sí. Si no mirar estos ejemplos.

Otra de las cosas que más me ha flipado en este capítulo es ver a la protagonista practicando las sonrisas y las lágrimas frente al espejo. Qué cosa más triste, la verdad.

Pero no me pareció tan descabellado ¿por qué? Porque viendo lo que veo en Instagram, más de una persona fijo que lo hace.

Os voy a confesar algo que vi hace ya tiempo en París: me encontraba dando un paseo por los pies de la torre Eiffel y cerquita del Sena. Sobra decir que el lugar es maravilloso. Allí me encontré una chica guapísima y muy bien vestida. Recuerdo que pensé estar viendo una perfecta muñeca de porcelana en vida.

En ese momento, la chica compró un enorme algodón de azúcar. Se tomó una foto con él, un selfie. Luego otra, y otra, y otra. Puso de fondo la torre Eiffel, el rio, sus pies,… todo. No se perdió un solo ángulo. Después, lo probó y lo tiró a la basura.

Whaaaaaaaaaat?!?! O.o

¿En qué momento esto de la apariencia pasó a ser tan importante?

¿Hasta dónde llegaríamos para ser aceptados por los demás?

Nos esforzamos demasiado para ser aceptados tal cual no somos.

Pasemos al punto número dos

SATISFACCIÓN

 

[I can’t get nooo, S a t i s f a c t i o n – The Rolling Stones. Es leer esta palabra y darle al play en mi cabeza.]

Otra de las cosas que más me ha impactado es que buscan la felicidad y la satisfacción fuera, en otras personas u objetos. Y nada más lejos de la realidad. La satisfacción y la felicidad vienen de dentro, nunca de fuera.

¿Compartís mi opinión o no?

Me explico, si te compras una chaqueta nueva y te queda tan genial que empiezas a dar saltos de alegría, estás eufórica, que no es lo mismo que ser feliz. Hasta el verbo cambia. Ser y estar.

Para ser feliz primero hay que estar en paz. La euforia es momentánea, y aunque la felicidad también sea pasajera es más real. Bueno, me chifla hablar de estos temas, pero no creo que sea ni el momento ni el lugar de hacer una reflexión filosófica sobre estos conceptos.

El caso es que en esta serie, la felicidad SIEMPRE viene de fuera, y en muchas ocasiones de cosas materiales o del número de likes. ERROR.

La satisfacción, queridos lectores, es un sentimiento, no un número.

PROBLEMAS SOCIALES

 

Es evidente que esta nueva era digital, trae consigo muchísimos problemas.

En el momento en el que decidimos digitalizar algo, muchas veces dejamos de disfrutarlo porque dejamos de vivirlo: Un concierto, una comida,.. Cualquier cosa.

¿Cómo puede ser que una pantalla nos condicione tanto?

Sobra decir que no somos los mismos face to face. Por no hablar de cómo son algunas personas cuando tienen la opción de actuar en modo “anónimo”.

Hace poco me encontré con unos viejos amigos en Zumárraga – muy fieras ellos. Me dijeron que se alegraban de que todo me fuera tan bien. Se lo agradecí, pero mi vida no es solo lo que pongo en Instagram. Tengo mis problemas como todo buen hijo de vecino.

Instagram, es la nueva caja tonta. Está clarísimo.

Y es muy cierto lo que dice esta serie (por algo se llamará Black Mirror); estamos creando una sociedad de cuality people. Y seguimos dándoles más a los que más tienen, porque es muy importante caer bien a aquella persona que mediante su canal de YouTube o su cuenta de Instagram condicionan o influyen en la opinión de miles de personas.

Es tan triste como cierto.

La reputación online, te condiciona el día a día.

Antes un atardecer nos hacía vibrar. Ahora el atardecer lo vemos en nuestras pantallas y si algo vibra es nuestro móvil al recibir un nuevo meme o alguna otra notificación.

No me jodáis, si tocamos más a nuestros móviles que a nuestras parejas.

La tecnología, la conectividad, avanza a pasos agigantados. Va mucho más rápido que la ley. Y creo que todo debería llevar un control, un límite.

Hemos llegado a un punto en el que Siri nos conoce mejor que nuestra propia madre. Utilizamos el móvil para T O D O, desde hacer transferencias con nuestra huella digital a entretenernos jugando a Candy Crush Saga mientras hacemos aguas mayores.

Y las redes sociales. Wow. Antes decíamos algo y llegaba a 10 personas, ahora a cientos o incluso a miles.

Y está bien que así sea, siempre y cuando el mensaje sea bueno. Pero hay que trasladarlo a todo, al bullying, por ejemplo.

Tras estas 1200 palabras, no quiero que me malinterpretéis, no estoy en contra de la era digital. Simplemente quiero plasmar esta cara de la moneda, no por no hablar de ella va a desaparecer.

Es como mi pequeña campaña de concienciación. Para que no se nos vaya de las manos.

A mí, personalmente, las redes sociales como herramienta, me han ayudado mucho.

He conocido a gente increíble; gente con la que trabajo o gente para la que trabajo.

GENTE, es decir, PERSONAS. Que no perfiles.

Personas que me inspiran, me retan e incluso me enseñan.

Sé que con muchas personas habría perdido el contacto de no ser por la nueva era digital.

Antes he dicho que la satisfacción no viene de fuera, viene de dentro. Que es un sentimiento y no un número. Es cierto. Pero tan cierto es eso como que me gustan vuestros likes y vuestros comentarios. Me siento eternamente agradecida por cada uno de ellos.

Me gusta que os gusten mis publicaciones, o que podáis sentiros identificados con ellas. Ya he dicho más de una vez que el contenido que creo para mi marca personal, está libre de derechos, podéis utilizarlo a vuestro antojo.

Y cuando veo que compartís mis diseños, me vengo muy arriba. Me gusta, me encanta, lo admito. Soy de las estúpidas que sonríen al móvil descaradamente.

Pero si algún día me veis por ahí, no os cortéis, darme un abrazo que me gusta más.

Si a ti te ha pasado algo parecido, no te cortes, compártelo en los comentarios. Démosle voz a esta realidad. O hagamos un CafeSkype porque a mí estos temas me gustan mucho.

Haizea.de.pedro@gmail.com

@haizeadepedro

Cuéntame.

 

 

Haizea de Pedro
haizea.de.pedro@gmail.com
2 Comments
  • Paola
    Posted at 09:43h, 31 octubre

    Pues sí, es muy triste todo. Debo reconocer que a mí me pasaba hace años, hasta que efectivamente abrí los ojos. Ahora uso las redes sociales y demás, con cabeza.

    Y si te veo por ahí algún día, ¡cuenta con ese abrazo! ♥

  • Damien de Corta
    Posted at 13:50h, 31 octubre

    I really liked your post!

    But to me it’s going further, first, the episode is showing a world where life is only about marking people. This has become a new way of living, bigger that the rule of money in our world.
    If you have bad marks then you become nobody and you get excluded of society, but those people didn’t choose first to live separately. The social media has just become a whole medium for it, to be appreciated by having marks (good ones).

    The ones that are finally out of it start to understand how stupid it can be and see the worse face of this new system way of life, that’s the beauty!

    This is even more frightening because this situation could really happen to us and is already happening, nowadays we live for how many likes or comments we’ll have on our pics and take satisfaction out of it, and feel excluded or not liked by people if we don’t have likes. How many times did you ask your best friend to go liking your new profile picture? Likes is the new popularity in school to be accepted by others.

    Very good point about appearances on your article.

    It’s important to feel good with ourselves first, hope that we won’t live in a world like that!